Nuestra identidad en bits pide atención

Nuestra identidad incluye aspectos como nuestra forma corporal y nuestras dimensiones

No pretendo ser portador de noticias si digo que dejamos regueros de información sobre nosotros mismos en Internet.

No pretendo ser portador de noticias si digo que dejamos regueros de información sobre nosotros mismos en Internet. Prácticamente con cada interacción alguien recoge datos que, de una manera u otra, nos definen. Una parte de quienes somos vive en el plano digital.

Sucede cuando visitamos una tienda online. O cuando abrimos un correo electrónico. O al subir una fotografía. ¿Les ha pasado que después de leer un correo o visitar una página han pasado a ver anuncios relacionados?. Es raro, pero lo cierto es que no podemos quejarnos de no estar avisados. Esas cookies aceptadas y esos términos y condiciones validados sin leer confirman que estamos de acuerdo.

Ante este terreno pantanoso, quisiera mencionar tres de los caminos que siguen las personas.

Mantener la identidad secreta

La primera aproximación consiste en luchar contra las prácticas de los que mandan. Y no me refiero a los estados, sino a las grandes empresas tecnológicas. En unos casos se trata de personas que, por voluntad propia, desean asegurar su anonimato, proteger su información y eliminar el rastro de cualquiera de sus actividades. En otros casos, no es una opción sino una necesidad. Para salvar su pellejo, activistas, políticos o periodistas deben utilizar sistemas alternativos a los que la mayoría manejamos habitualmente. Por ejemplo, Vibe es una especie de Twitter anónimo, Tox es una alternativa a Skype, e incluso está en desarrollo una Internet alternativa y segura denominada I2P.

Considerar la identidad pública

En cambio, la mayoría de jóvenes sigue una aproximación opuesta, basada en naturalizar la situación. Prácticamente cualquiera nacido después de 1980 asume que la circulación de datos no se puede detener, que lo que publicas pasa a ser, a efectos prácticos, de dominio público y que la mejor estrategia para evitar que algo salga a la luz es que no suceda. Aunque parece una actitud sabia, propia de un santón hindú a orillas del Ganges, esta actitud suele estar acompañada de bastante ignorancia sobre cómo son las cosas realmente.

Obtener un beneficio de una parte de la identidad

La última aproximación es más incipiente, pero me parece muy prometedora. Merced al desarrollo de sistemas de escaneado baratos y flexibles, muchas personas están digitalizando todo tipo de cosas, incluyendo su propio cuerpo. No es necesario explicar lo interesante que es para las empresas contar con información de calidad sobre las personas. Agregando y analizando datos sobre la forma y dimensiones del cuerpo, y juntando éstos con gustos y preferencias, es posible desarrollar productos y servicios con más éxito en el mercado.

En esta última situación, se plantea un escenario hipotético en el que las personas, debidamente digitalizadas, podríamos licenciar a las empresas datos sobre nosotros mismos y recibir a cambio regalías. Aunque los ingresos fuesen mínimos, sería una situación muy interesante por el cambio cualitativo que ocurriría. Supondría recuperar un cierto control sobre nuestra identidad digital.

 


Publicado originalmente en el diario Levante el 25 de enero de 2015.

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