El movimiento maker como vía de futuro

La esencia del making, combinar conocimientos y tecnologías

Ahhh, las impresoras 3D. Están por todas partes.

A estas alturas ya sabemos que pronto nos podremos imprimir un filete con patatas para cenar. Que en China ya hacen casas de hormigón con inyectoras gigantes. Y que podremos colonizar Marte mandando primero un ejército de impresoras y robots para que vayan urbanizando aquello con materia prima local.

Aunque un filete 3D o el urbanismo marciano son aplicaciones que llaman la atención, la realidad es que no son útiles para cualquiera de nosotros.

Sin embargo, más allá de la tecnología en sí hay una importante tendencia que la enmarca, de la que se habla menos y que tiene la capacidad de producir un gran impacto positivo en nuestras vidas a corto plazo.

Uno de los nombres más comunes para este fenómeno es el movimiento maker.

Ya saben, algo así como “los hacedores” en inglés.

El movimiento maker

Los makers son gente curiosa. Se dedican a combinar multitud de herramientas, materiales y tecnologías para dar solución a todo tipo de problemas. Es una actividad altamente colaborativa, y normalmente se organiza en comunidades locales centradas en áreas de interés concretas. Cada cual aporta los conocimientos que tiene, y todo el mundo experimenta, aprende y comparte.

Si uno mirase por el ojo de la cerradura tendría la sensación de que un montón de chalados se ha reunido para trastear. Sin embargo, de este caldo de cultivo surgen ideas, conceptos y prototipos altamente innovadores y de bajo coste, que pueden ser mejorados a gran velocidad hasta dar con nuevos productos con alta probabilidad de éxito en el mercado. Piensen en vehículos autotripulados, en antirrobos inteligentes para bicicletas, en sistemas de riego automático para las plantas, en kits de robótica, en objetos artísticos interactivos, etc.

Este movimiento está ocurriendo a diversa escala en muchos pueblos y ciudades del planeta. No hace muchas semanas, en el congreso Fab11, dedicado a estos asuntos, el ayuntamiento de Barcelona presentó su visión como FabCity e hizo público un plan para crear ateneos de fabricación en cada distrito de la ciudad. Son considerados como parte de la infraestructura municipal básica para el futuro y equiparados a mercados, piscinas o parques.

Nuestro reto

No creo en la copia indiscriminada, pero pienso que este es un camino que debemos seguir en la Comunidad Valenciana. Y me refiero a esta región por ser donde actualmente resido, pero este planteamiento es igualmente válido para cualquier otra autonomía, provincia, ciudad, barrio o calle de este país.

Fundemos espacios físicos para la creación colaborativa. Creemos comunidades de makers. Serán puntos de encuentro intergeneracional. Recuperarán conocimientos de diversos oficios y los remezclarán con tecnologías modernas. Permitirán idear nuevos productos que reorientarán gran parte de la industria tradicional, en auténtica caída libre. Y trasladarán un sentimiento posibilista a la población.

Es el momento adecuado y no cuesta mucho dinero. El movimiento maker es una manera realista de invertir en nuestro futuro.

 


Publicado originalmente en el diario Levante el 5 de octubre de 2014.

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