La vida en beta

Podemos plantearnos la vida como el desarrollo de un producto

Aquellos de ustedes que tuvieran una cuenta de gmail allá por 2009 quizás recuerden que el logo tenía una pequeña leyenda.

Ponía “beta”.

Es el tipo de cosa que, aunque poco crítica para el usuario, tiene profundas implicaciones en el negocio del software y la innovación en general.

Este letra griega marca una de los fases dentro del proceso de desarrollo de nuevos productos digitales. En líneas generales, algo en beta tiene todas las funcionalidades que interesan, pero está poco depurado y suele incorporar errores y aspectos mejorables.

El motivo de ofrecer soluciones que todavía están en desarrollo

Habrá quien pueda pensar que algo en beta debería mantenerse lejos del mercado, ya que no está finalizado al cien por cien.

Sin embargo, una de las mejores cosas que ha traído el emprendimiento es el acelerado ritmo de las operaciones. Si quieres ser competitivo hay que sacar las cosas por la puerta rápidamente y no entretenerse con detalles que quizás no sean importantes para nadie.

Evidentemente no se trata de colocar productos mediocres a los clientes.

Al ofrecer productos que no son perfectos es imprescindible estar preparados para evolucionar. Es necesario captar lo que los usuarios hacen y dicen, y reaccionar ante ello reprogramando, rediseñando, mejorando…

Uno de los lemas de los sistemas abiertos es lanzar pronto y lanzar -nuevas versiones- a menudo. Es lo que el arquitecto Norman Foster denomina estado líquido, donde los proyectos evolucionan cada día, en ocasiones con giros que nadie podría esperar.

Es lo que el arquitecto Norman Foster denomina estado líquido.

Hay multitud de metodologías para gestionar de forma ordenada el desarrollo de un nuevo producto, como scrum, agile o lean.

En líneas generales plantean que hay que trabajar identificando los aspectos sobre los que queremos actuar y sobre los que centraremos el desarrollo. Se suele definir un ciclo que comienza por construir algo, que a continuación vamos a evaluar de una manera controlada y que, a partir de las observaciones o mediciones realizadas, permite aprender cosas y construir una nueva versión más evolucionada que la anterior.

Y en nuestra vida…

Pues bien, ya sea como beta o como líquido y más allá de su aplicación al mundo del emprendimiento, estos principios de evolución continua tienen una aplicación directa a nuestra vida.

Son tantos los vaivenes a los que estamos sometidos hoy en día, y tan acelerado el ritmo de cambio de las cosas, que resulta esencial tener entrenada la capacidad de transformación personal.

Y aunque las referencias que he planteado sean de rabiosa actualidad, la idea de fluir evolucionando está presente tradicionalmente en la mayoría de religiones y creencias orientales. También en la propia naturaleza, excepto, quizás, desde la perspectiva creacionista.

Por cierto, gmail era sobradamente maduro en 2009.

Hay quien dice que Google mantuvo la referencia a su estado de desarrollo como muestra de su filosofía de empresa.

 


Publicado originalmente (con adaptaciones) en el diario Levante el 31 de mayo de 2015.

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