La postura no se corrige con una app

Es un elemento más dentro del complejo sistema del cuerpo humano

El yoga como camino para apropiarse de una buena postura

Hace un par de días Enrique Dans publicó un post sobre cómo la monitorización de la salud y el ejercicio físico están siendo protagonistas en el Consumer Electronics Show de Las Vegas de 2015. Realmente hay una verdadera explosión de sistemas que permiten registrar y acceder a información sobre parámetros como cuánta energía estamos consumiendo, cuál es nuestro balance energético o si estamos cumpliendo con nuestros objetivos. O, como destaca Enrique, si nuestra postura es correcta o no.

Antes de meterme en un lío al hacer una gran generalización, diseccionaré un poco el problema.

Creo que hay dos grupos distintos de usuarios a efectos posturales.

Por un lado están las personas con patologías y problemas serios. Evidentemente, cuando tu vida depende del control de algún parámetro, cualquier mejora en su registro, en la visualización, en la gestión del tratamiento… será bienvenido. ¿Quién podría estar en contra de mejorar la calidad de vida de estas personas?

Ahora bien, con un considerable desconocimiento sobre biomecánica y cierta contradicción, Enrique dice…

No sé si veo este tipo de dispositivos de control postural alcanzando una popularidad importante en los próximos tiempos, pero sí pueden tener su importancia de cara a personas con complicaciones derivadas de malos hábitos posturales: después de todo, hablamos de comportamientos difíciles de corregir, ampliamente arraigados, que pueden llegar a tener un efecto en nuestro bienestar incluso mayor que el ejercicio físico en función del tiempo que pasamos en una y otra actividad,  y que precisan de poco más que la voluntad de introducir cambios y un leve o discreto recordatorio para conseguir cambios que pueden llegar a tener un efecto importante sobre la salud.

Entre los ejemplos de sistemas prometedores se encuenta Lumo. Basado en un único sensor, difícilmente será de utilidad para una persona con una escoliosis severa, con un deterioro importante de sus discos intervertebrales o con problemas neurológicos. A problemas serios soluciones específicas.

En oposición a este tipo de usuarios están las personas que podríamos denominar “normales”, aquéllos con una vida autónoma e independiente, y con interés por mejorar su alimentación, actividad física, descanso… o en el caso que nos ocupa, la postura. En estos casos no dejo de pensar que los wearables, las apps y la mayoría de productos y servicios a los que se refiere Enrique son, por lo general, un despropósito.

Mi impresión es que estas soluciones tratan el estilo de vida -y su mejora- como un sistema que se puede actualizar o mejorar instantáneamente con la adición de un nuevo módulo. Una especie de externalización del control del propio cuerpo mezclada con la gratificación instantánea tan característica de esta era smart. Basta instalar una app en el móvil, o colocarse un dispositivo en la muñeca o la cintura, y cederle el mando.

Una especie de externalización del control del propio cuerpo mezclada con la gratificación instantánea tan característica de esta época

El sistema por el que optes te analizará y caracterizará. Definirá planes para alcanzar tus objetivos. Te motivará. Te enviará alertas y recordatorios. Representará gráficas con tu evolución. Lo único que tendrás que hacer es poner tu cuerpo serrano a su disposición y obedecer las instrucciones.

Considero que esta aproximación es desintegradora y sobre-simplificadora, y fomenta la desconexión con el propio ser aunque precisamente se vista de lo contrario. En mi último post planteaba la necesidad de cambiar radicalmente la educación física en las escuelas incorporando el yoga en los planes de estudio. Me reafirmo en que vale la pena explorar el yoga, cualquiera de las muchas artes orientales como el Taichí o el Kung-fu, o bien disciplinas occidentales como la técnica Alexander o el método Feldenkrais.

La práctica de cualquiera de estas disciplinas es la que lleva a cada persona a apropiarse, desde dentro, de qué es una buena o mala postura, qué tipo de ejercicio es más adecuado a cada condición o qué limitaciones naturales tiene su constitución física. Obedecer al dictado de un sensor colocado en la zona lumbar es, bajo mi punto de vista, una infantilización de algo tan complejo como la postura.

Volviendo al principio, no estoy en contra de que avance la técnica. Especialmente para ayudar a pacientes crónicos y personas en situación de dependencia. Para el resto, creo que debemos empezar por desarrollar nuestra propia inteligencia y criterio en lugar de confiar en sistemas supuestamente inteligentes.

 


Publicado originalmente en el diario Levante el 28 de diciembre de 2014.

  1. […] tuviese que recomendar algo, sugeriría empezar suave y estar atento a cómo responde el cuerpo, desarrollando la introspección. De hecho, recomendaría empezar con el […]

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