La inutilidad de patentar

Patentar estimula los ingresos de los despachos de abogados mucho más que la actividad inventiva

Documento de patente - Patentar no sirve estimula la innovación

¿Sabían que Samsung registró en 2014 más patentes que toda España junta? Dos mil quinientas cuarenta y una.

El número de patentes es uno de los indicadores que se emplean con más frecuencia para valorar la salud de un sistema de innovación. Es sencillo, y permite comparar fácilmente los logros de distintos investigadores, departamentos, regiones… o empresas y países, como acabo de hacer.

Personalmente creo que, más allá de para alimentar conversaciones de bar, no tiene mucho sentido andar comparando cuántas tengo yo y cuántas tú.

En seguida verán por qué.

En su origen las patentes estaban concebidas para estimular la innovación.

Se trata de un título que otorga a su dueño derechos para la explotación exclusiva. A cambio, el inventor debe hacer público el fundamento de aquello que ha creado, a fin de que el resto de la industria y el mercado pueda aprender de ese avance. Esa es la teoría.

El propósito original de las patentes era estimular la innovación

En términos prácticos, una vez concedida una patente, se pueden hacer dos cosas.

La primera es comerciar con ella, por ejemplo licenciándola a un tercero para que sea éste quien la explote.

La segunda opción es para llevar legítimamente a los tribunales a todo aquél que incumpla las restricciones establecidas. El caso más frecuente sería cuando una empresa copia el producto que otra ha patentado.

En cualquier caso, hay que tener una cosa clara.

Tener una patente no evita la copia.

El papel no impide que algún listo calque los dibujos que aparecen y lleve eso al mercado.

Lo único que permite es luchar contra el fraude con soporte legal, y no es mucho.

La realidad es que cualquier organización con poco presupuesto para abogados se encuentra muy limitada para defenderse.

Como muestra, ¿saben que en China han descubierto la falsificación de tiendas enteras de Apple, Ikea o Disney, que a su vez estaban llenas de productos también falsos? Pues si a estas empresas les dan gato por liebre, imaginen a una micro-empresa que acaba de patentar su nuevo descubrimiento.

Y hablando de grandes corporaciones, hace ya unos años que se da una lamentable situación. Empresas como Nokia, Motorola o Sony utilizan las patentes para una guerra abierta.

La esencia es que tratan de patentar antes que sus competidores el concepto más amplio posible, cubrir terreno y entonces denunciar, o amenazar con hacerlo, a quien cruce la línea. Y en ocasiones la cosa llega a lo absurdo. ¿Saben que Apple tiene patentado el rectángulo con esquinas redondeadas?. No es broma. Es la patente USD627777.

La conclusión es muy simple. El sistema de patentes está roto. Patentar es inútil en la inmensa mayoría de casos. Así no se estimula la innovación.

Personalmente prefiero los modelos de negocio que basan la ventaja competitiva en esconder la cartas. Esto se denomina secreto industrial, y ha probado ser un recurso muy eficaz a lo largo de la historia del hombre. Desde mucho antes que la patente.

 


Publicado originalmente (con adaptaciones) en el diario Levante el 22 de marzo de 2015.

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